El “fracking”, como se la menciona vulgarmente, no es otra cosa que una antigua y habitual técnica petrolera muy conocida, llamada “estimulación hidráulica”. Se aplica desde hace décadas a pozos convencionales, de Argentina y de todo el mundo y, más recientemente, para extraer gas y petróleo de formaciones «no convencionales», como Vaca Muerta.
Extraer hidrocarburos no es una tarea nada sencilla. Un parámetro clave es la permeabilidad del yacimiento; es decir, en qué medida, los poros microscópicos que contienen gas y petróleo están interconectados entre sí.
Cuando esa interconexión es buena, se dice que la roca es permeable, dado que los hidrocarburos pueden moverse por el interior de la roca. Es el caso de los reservorios que llamamos «convencionales».
Por el contrario, cuando la interconexión es mala o directamente nula, decimos que se trata de rocas de baja o nula permeabilidad. Es entonces cuando hablamos de formaciones de hidrocarburos «no convencionales», como Vaca Muerta (shale de la Cuenca Neuquina) o Las Lajas Inferior (tight del Alto Valle de Río Negro, por ejemplo).
La estimulación hidráulica (fracking) nació hace unos 80 años, a fines de los años 40. La idea era mejorar la permeabilidad de los yacimientos convencionales de gas.
El concepto es simple: mediante la inyección de un «fluido de fractura» se abren fisuras microscópicas en la roca, que se apuntalan con granitos de arenas especiales para que no vuelvan a cerrarse. Por los espacios entre los granos de arena, y a lo largo de las fisuras, pueden fluir el gas o el petróleo, incluso de formaciones completamente impermeables.
El siguiente video animado lo explica con claridad.
Del fracking se han dicho y se dicen un montón de cosas negativas. No tienen sustento técnico, pero dichas en lenguaje psuedo científico suenan alarmistas: que se usan cientos de químicos peligrosos; que contaminan las napas de agua; que generan terremotos; que se utilizan explosivos capaces de pulverizar la roca…
La realidad es que aquí no se «pulveriza» la roca ni se fractura con explosivos, como es frecuente leer por medios poco informados. Tampoco hay ejemplos de acuíferos contaminados ni se han registrado terremotos en Neuquén, por culpa del fracking, desde que se desarrolla la Formación Vaca Muerta. Sólo se utiliza presión, a través de un medio líquido, que es el «fluido de fractura».

Normalmente, y tal como se aprecia en el video, la operación de fractura se inicia una vez que el pozo ha sido «punzado». Es el momento de preparar e inyectar el fluido, formado en un 99,5% por agua y agente de sostén (arenas), y un 0,5% de aditivos químicos (alrededor de una docena).
Al inyectarse el fluido, la arena queda en el interior de las fisuras, impidiendo que se cierren al bajar la presión.
Como se dijo, por esas fisuras comienzan a fluir, primero, el agua excedente de la operación, llamada «agua de retorno» o «flowback» y, más tarde, el gas y el petróleo. Es cuando el pozo entre en producción.
En Estados Unidos, esta técnica aplicada a las formaciones shale, desde los años 90, produjo una verdadera revolución gasífera. Si Estados Unidos era una tradicional importador de gas, desde hace menos de un lustro se convirtió en un exportador importante.
En la Argentina, que posee recursos shale tan importantes como los de Estados Unidos, el fracking ya se está aplicando tanto a formaciones tight (desde 2005) como a formaciones shale (desde 2010) con resultados más que prometedores.
De hecho, hoy, el 25% del gas natural que produce nuestro país proviene de esas formaciones, así como el 8% del petróleo.
Más allá de las cifras, es importante tener en cuenta que se trata de una técnica segura, probada y conocida que, como toda actividad humana, no está exenta de riesgos, aunque todos ellos perfectamente manejables.
Como expresamos algunas cuestiones que hacen a la aplicación del fracking generan lógica inquietud en la comunidad. Es por eso que en este sitio encontrará información y respuestas a inquietudes que abarcan temas como el uso del agua, el uso de químicos, la protección de los acuíferos y la probabilidad de sismicidad inducida.
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